Posteado por: urtantta | 19 noviembre 2006

Ser versus existir

La conciencia de nuestra persona, es decir, el saber que estamos aquí, en esta sociedad nuestra, nos crea a veces crisis existenciales cuando esa conciencia de nuestro ser se enfrenta con lo que la administración considera que en realidad somos. O sea, cuando toma conciencia de que existimos. De que, fiscalmente hablando, formamos parte de esta sociedad nuestra.

Aclararé lo que acabo de decir. Estamos en estos días, mi padre, mis hermanos y yo en el trance de vender la casa en la que mi padre ha habitado los últimos cuarenta años para comprar otra más adecuada para él. Una con ascensor, que le evite los padecimientos de subir hasta un cuarto piso con 77 años y muchos trabajos en sus huesos. Pero, cuando afrontamos el proceso burocrático pertinente, resulta que no sabemos de quién es la propiedad, la vieja casa que queremos vender. Porque hemos descubierto que existe algo llamado registro de últimas voluntades que debe estar, blanco sobre negro, muy presente a la hora de hacer los papeles de la venta y la compra. Y no sabemos, ni mis hermanos ni yo, si debemos reclamarle a nuestro padre la mitad del dinero de la venta de la vieja casa para luego donárselo y que pueda así comprarse la casa que necesita o si debemos hacer la compra entre todos. Ni sabemos que pasará si figuramos todos como compradores o si el único comprador es mi padre. Y, sobre todo, no sabemos qué porcentaje del dinero que mi familia ha acumulado con el esfuerzo de todos se llevará la hacienda pública. Que es quien gana siempre.

En resumen, que pensaba que yo era yo. Pero he descubierto que además ser yo, soy el heredero de una tercera parte de la mitad de nada, o de la tercera parte de la mitad de lo que la hacienda pública estipule que le corresponde. Pero que no puedo renunciar a esa extensión burocrática de mi mismidad si no quiero perjudicar a mi familia. Y que, una vez tomada conciencia y posesión de esa extensión de mi ser, será la hacienda pública quien sea más grande. Con un porcentaje legalmente definido de la tercera parte de la mitad de los esfuerzos y los sacrificios de mi padre.


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