Posteado por: urtantta | 21 diciembre 2006

Quieren, pero los tiranos no pueden cerrar las alamedas

Hace poco que ha desaparecido del mundo, que no de nuestra memoria, otro tirano, quien quiso hacer de Chile otro martillo de herejes.

La noticia de su muerte me ha traído, entre otros, el recuerdo de Salvador Allende. Y he visto en la prensa imágenes del presidente chileno el 11 de septiembre de 1973, en el Palacio de la Moneda, tocado con un casco, la metralleta que le regaló Fidel en la mano, rodeado de los últimos amigos, cuando era ya el último baluarte de la democracia en aquellos días. Y he recordado las palabras de su despedida: “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.

Y ha venido a mi memoria también el recuerdo de un exiliado chileno a quien conocí a finales de los ochenta en Italia. Tenía en su mirada las sombras de la patria añorada, a pesar de la luz de la Toscana. Estoy seguro de que en estos días estará de nuevo en las alamedas de Santiago, sentado en un banco, viendo corretear a sus nietos. Y viendo con ellos correr de nuevo la esperanza y la alegría de la libertad reconquistada.

Y es que los tiranos quieren, pero no pueden cerrar las alamedas.


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